No, no te atrevas. No lograrás cambiar mis pensamientos, no dejaré que
domines mi mente como estás acostumbrado a hacerlo. No soy la misma
que en un principio conociste, cambié. No, ni lo intentes. No vas a convencerme
de tus lamentos que ni siquiera son ciertos, aprendí a diferenciar el amor del capricho,
conceptos que tenés totalmente confusos. No voy a volver a caer. ¿Sabés por qué?
Sí, porque cambié. No sé si para bien, no sé si para mal, pero mi manera de ver las cosas ha cambiado
después de conocerteQuizás, porque cuando uno conoce a una persona y logra quererla de una manera semejante, se aferra tanto a ella que queda ciega, pero no ciega porque no ve, ciega porque no ve lo que no quiere ver. No quise ver que yo era tu juguete, que cuando lo querías lo tomabas, te aburrías, lo dejabas, y te divertías con uno nuevo, pero cuando no había más juguetes con los que jugar, había que recurrir a los viejos, y ese era mi lugar. Como no quedaba otra opción, recurrías a mí, sabiendo que yo siempre iba a estar disponible para divertirte. ¿Pero sabés qué pasó? Un día ese juguete se cayó del estante donde lo habías dejado y cuando quisiste volver a recurrir a él, ya no estaba. En ese preciso instante fue cuando te diste cuenta de lo que significaba ese juguete para vos, y que por no apreciarlo cuando lo tenías, se te había escapado de las manos..Lo perdiste, sí, me perdiste.



No hay comentarios:
Publicar un comentario